sábado, 11 de mayo de 2013

Will y Jessica

Will y Jessica han dado ejemplo al mundo. Hasta hace unos días eran el editor jefe y la editora adjunta (es decir, director y subdirectora) de uno de los semanarios con más tradición en Nueva York, The Village Voice. Y digo hace unos días porque ahora ya no ocupan esos cargos. Dimitieron.
Primero lo hizo Will Bourne. Jessica Lustig decidió luego seguir sus pasos. Los dueños de la publicación le habían comunicado al primero la necesidad de volver a recortar la plantilla. Le pidieron que decidiera a qué cinco periodistas iba a poner a la calle.
Bourne se negó a satisfacer la solicitud de los propietarios y optó por poner un solo nombre en esa lista, el suyo. Cuando se lo comunicó a su número dos, ésta creyó que lo más honesto era secundarle. Ambos reunieron a la plantilla y se lo comunicaron. "Nos vamos porque fui convocado a una reunión en la que se me pidió que despidiera a cinco personas y pienso que ya somos muy pocos aquí", argumentó el ex editor de un semanario por el que han pasado tres premios Pulitzer a lo largo de sus 58 años de existencia.

El recorte de periodistas que solicitaban a Bourne no era el único que había sufrido la publicación desde que comenzó la actual crisis, pero el ex editor pensó que ya había habido suficientes despidos.
Durante los años previos a esta decadencia financiera, ha sido muy habitual en las plantillas de medios de comunicación españoles acumular personal en la parte alta del staff. Cuando alguien sobraba, lejos de ponerle en la calle, era frecuente buscarle un puesto rimbombante, con un despacho incluso, para que no molestara.
Así se han creado auténticas empresas paralelas conformadas por trabajadores que no trabajaban y que, eso sí, se embolsaban sueldos diez veces superiores a los que ganaban periodistas que echaban 12 y hasta 14 horas al día.
Afortunadamente, este sistema parece estar obsoleto. Elconfidencial.com, por poner un ejemplo de nuevos medios con futuro, cuenta con un director y más de medio centenar de profesionales que hacen información, que se arremangan, que salen a la calle (o más bien que no entran en la redacción), que trabajan. Incluso al propio director no se le caen los anillos por empuñar, cuando la situación lo requiere, su teclado y ponerse a elaborar una pieza informativa. Sí, una noticia; no una melosa, imaginativa e infantil columna de opinión fruto de un pedaleo mental en el que vale todo. No. Una noticia.
Lejos quedan aquellos tiempos en los que había más jefes que indios, más generales que soldados, más inútiles con bastón de mando y estilográfica que operarios con libreta y bolibic. Bienvenido el nuevo periodismo si este es el camino. Bendita crisis si al final refresca las estructuras y permite que coman solo los que trabajen. Aunque permitidme que aún tenga mis dudas. Will y Jessica son un paso, sí, pero todavía representan una gota en el aún incierto panorama mediático. De hecho, por eso son noticia.

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