Cierto es que Nicolás Maduro ha ganado por la mínima (50,6% contra 49%). También es cierto que ha perdido 600.000 votos respecto a las últimas elecciones ganadas por Hugo Chávez. Y que tendrá que afrontar una legislatura difícil por la división interna en su propio partido y porque su carisma no es el de su predecesor. También es criticable la política económica seguida por su formación política durante los últimos años y que la campaña electoral que ha realizado ha ido de mal en peor. Incluso que ha utilizado los medios del estado para hacer propaganda y que ha acelerado innecesariamente su proceso de investidura para evitar contar los votos.
Sin embargo, no es menos verdad que Henrique Capriles ha perdido las elecciones. Por la mínima, pero las ha perdido. Los observadores españoles enviados a los comicios venezolanos, incluso, calificaron de "fiable" el resultado electoral, a pesar de las denuncias de miles de irregularidades vertidas por la oposición.
Capriles no tiene derecho a llamar a la exaltación a una sociedad ya de por sí extremadamente polarizada. Está jugando con fuego y puede quemarse tanto él como la población. La democracia tiene estas cosas. El juego que debe practicar ahora la oposición es el que le tiene reservado el resultado de las urnas. Tendrá más poder en el Parlamento y la ventaja de tener a su favor la inercia hacia la que tiende la opinión pública. Si no respeta hoy las urnas, perderá la legitimidad para reclamarla en el futuro.
Es más, ya se están produciendo los primeros altercados y no es de extrañar que en los próximo días haya que lamentar muertos por enfrentamientos entre personas que piensan diferente.
Si algo demostró la Transición española al mundo fue a que hay que saber a convivir con los que tienen ideas distintas, cediendo en muchas cosas que para algunos son esenciales en aras de la paz social.
Un líder político debe dar ejemplo de mesura y de tolerancia con los que piensan distinto. Incluso aunque Capriles tuviera razón y fuera cierto que él ha ganado, también sería por muy pocos votos y seguiría habiendo un 50% de venezolanos que apuestan por Maduro. No, señor Capriles, ese no es el camino.

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