| Arsenio F. de Mesa, dtor de la Guardia Civil. |
| Ignacio Cosidó, director de la Policía. |
Revisando la hemeroteca, descubro una fea historia de peleas entre policías y guardias civiles en el aeropuerto de Tenerife en enero de 2007. Inmediatamente me viene a la cabeza el conflicto del pasado 12 de febrero junto al Consulado de Francia en Madrid. Luego pienso en los argumentos que han dado algunos históricamente para justificar que es bueno que exista un pique entre ambos cuerpos.
Al ahondar en estos últimos razonamientos, recuerdo cómo algunos jefes que he tenido –antiguos en mentalidad aunque no viejos en edad– utilizaban los mismos métodos para motivar a los redactores. Es bueno, decían, que dos personas se dedican a los mismos temas para que se produzca un pique y salga reforzado el resultado.
Qué poca confianza en tu empleado, pensaba yo cuando nos daban estas sibilinas indicaciones. Las escuelas de negocios más importantes del mundo ya descartaron hace años este tipo de estímulos laborales. También los más prestigiosos pedagogos rechazaron la educación en negativo.
Los profesionales de las fuerzas de seguridad ya encuentran suficientes motivos para hacer bien su trabajo en el reto que supone afrontar su labor diaria. No necesitan que sus jefes, que se supone que están para ayudarles, pongan más piedras en las ruedas de sus ánimos.
Policías, guardias civiles y cualquier funcionario de la seguridad no trabaja mejor porque sus compañeros del cuerpo hermano lleven a cabo tales o cuales logros. Es más, incluso puede provocarles frustración si me apuras.
Están superados ya esos métodos. Motivación en positivo se llama ahora en terminología más o menos técnica, aunque yo prefiero seguir denominándolo confianza en tu gente. Todos empujamos en la misma dirección. ¿O acaso algunos tiran del carro hacia el otro lado?
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