viernes, 29 de marzo de 2013

La sangre del progreso

Mariano Rajoy parecía más listo. Al menos cuando estaba en la oposición. La ley de emprendedores era la primera medida que tenía que haber tomado nada más llegar a La Moncloa.
Con una tasa de paro en ascenso y sin final a la vista, la gente necesitaba una salida asequible. Cuando el mercado laboral está copado y no hay esperanza de encontrar trabajo, los ciudadanos piensan en emprender. Y no sólo los parados, también los que tienen empleo, los jóvenes recién licenciados o los que aún están estudiando.
Sin embargo, si la fiscalidad no lo facilita, las trabas burocráticas lo ponen cuesta arriba y la Administración mira para otro lado, el ciudadano no tiene más remedio que hundirse en su propia impotencia. No pedía ningún regalo, sólo eliminar obstáculos y adaptar la casposa legislación a la realidad del momento.
Los emprendedores son la sangre del progreso, el delantero eléctrico que entra en la segunda parte para revolucionar el partido, el referente que provoca en los demás el sentimiento de que se puede.
Yo renuncié al paro para hacerme autónomo y comenzar a montar cosas. Un enorme riesgo el que corrí, ya que en seis meses de trabajo apenas he logrado ingresos. La nueva normativa permitirá cobrar desempleo mientras se comienza a poner en marcha el negocio. A mi ya no me toca, pero me alegro por el resto. Más vale tarde que nunca.
Ánimo, ciudadanos con ideas, con valor. Dad un paso adelante y lanzaos a montar vuestro proyecto, a trabajar como mulos, a coger las riendas de vuestra vida. Vuestro objetivo es digno y honesto. Solo queréis trabajar.

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