viernes, 24 de mayo de 2013

Caso Faisán: el confidente existe

Marlaska, primer instructor del Faisán. Foto: Ch.Barroso
El juicio del caso Faisán promete. Y eso que aún queda más de un mes para que se celebre. Una vez más, cuando parece que el proceso entra en fase de piloto automático, vuelve a surgir un nuevo punto de giro. En esta ocasión lo protagoniza un actor que siempre ha estado ahí, en la sombra, desde aquel 4 de mayo de 2006: el confidente.
La defensa ha anunciado que le llamará a declarar durante el juicio siempre que se le conceda el estatus de testigo protegido. Su relato podría resultar clave para exculpar a Enrique Pamies y José María Ballesteros, los dos procesados, que siempre han utilizado la coartada de que el primero iba a entrevistarse con el confidente ese día y por eso el segundo fue a peinar la zona aquella mañana.

Además de este testigo inesperado, la defensa ha solicitado que se investiguen un montón de llamadas que no se han indagado hasta el momento: las que se efectuaron a través de las cinco operadoras telefónicas francesas que tienen cobertura en la zona y las 1.800 que se llevaron a cabo en una franja horaria no rastreada por el equipo investigador pero que corresponde con el periodo en que Joseba Elosúa, dueño del bar Faisán y receptor del chivatazo, permaneció dentro del local.
Asimismo, la defensa asegura que va a presentar una prueba pericial realizada por lingüistas forenses que concluye, después de analizar la conversación entre el chivato y Elosúa, que la llamada del soplo no pudo durar más de 3.30 minutos, cuando el equipo investigador solo trabajó sobre las que superaban los cuatro minutos.
El escrito presentado por la defensa llama la atención sobre el hecho de que ha desaparecido el tráfico de llamadas realizado por el que entonces era comisario general de Información, Telesforo Rubio, uno de los que conocían todos los detalles de la operación y que, a priori, podía ser sospechoso, según subrayó el propio equipo investigador en sus primeras pesquisas.
Pero si algo demuestra esta nueva retahíla de pruebas, que la defensa ha logrado recopilar en los últimos días, es que impedir el acceso al sumario en condiciones dignas para las partes personadas durante todo el desarrollo de la instrucción resultaba ridículo, como lo fue la mayor parte de este laberíntico proceso, por la que han pasado tres magistrados, que ha durado casi siete años, que ha contado con posiciones contradictorias de la Fiscalía en función del momento procesal, que ha sido objeto de quejas por parte de los tribunales franceses y, sobre todo, que se ha basado en las indagaciones realizadas por un equipo investigador que, como Telesforo, también era sospechoso al conocer la operación Urogallo desde el principio.
El tribunal presidido por Alfonso Guevara tiene un reto homérico ante sí, con un fuerte componente político que aún está por demostrar, con hechos constatados de que existió un delito pero con pruebas endebles de quién lo cometió, con testimonios encontrados que vislumbran rivalidades policiales que vienen de lejos y una pieza que, si canta, sería una de los pocos clavos ardiendo a los que cabría agarrarse para averiguar lo que pasó: el testimonio del actor que nunca ganará un Óscar: el confidente.

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