El 28 de noviembre de 2009, ABC publicó en portada la foto de un hombre al que la Policía investigaba por la muerte de una niña. "La mirada del asesino de una niña de tres años", titulaba el rotativo.
Poco después, la propia Policía descartó al hombre como acusado porque éste había sido precisamente el que había descubierto a la pequeña y la había llevado al hospital. Es decir, estuvo a punto de salvarla.
Esta portada del centenario diario llevó a una reflexión colectiva dentro de la profesión. No todos a los que la Policía pone en entredicho en un primer momento son siempre culpables.
Las investigaciones pueden evolucionar y dar un giro de 180 grados en cualquier momento, ya sea por el testimonio de uno de los imputados, por el descubrimiento de nuevas pruebas o por lo que diga un testigo.
Creo que con los procesos de Iñaki Urdangarin y Luis Bárcenas están pasando cosas sobre las que también deberíamos pensar. Hemos observados algunas portadas en diarios de tirada nacional que han condenado a los acusados antes que el juez, que daban por buenas investigaciones policiales incluso antes de que llegaran al despacho del instructor, que –no en el fondo, aunque sí en la forma– las elevaban a la categoría de sentencia. ¿Quién limpiará esta nueva percepción pública que la sociedad se está creando de Bárcenas y de Urdangarin si finalmente ambos o alguno de ellos resultan ser inocentes?
Los imputados, aunque cargos públicos, también son personas. No digo que no sean culpables –¡Válgame Dios! No quiero ser condenado por ningún tertuliano–, solo afirmo que nadie tiene derecho a condenar más que el juez y que la presunción de inocencia sigue siendo un derecho fundamental en España. Incluso para ellos.
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